Nada. Empezaré diciendo
que te contaré nada. Mi cabeza se ha amoldado a la sencillez de mi vida y por eso, nada.
Y todo, pues porque sólo
tienes que darle algo difícil e imposible para que se ponga pícara y bajándose
de un tren en marcha me grite: “Eh, ¡que aquí estoy yo!”, “sácame de aquí, te
lo exijo.”Todo. Todo porque ya empiezo a saber cómo se las gasta. Es más
impulsiva de lo que desearía pero a veces me sorprendo viendo lo bien que la he
llegado a conocer y lo poco que la frecuento. Si todo se redujera a conocer esa
pequeña parte de mí.
Hoy, ha hecho CLICK porque
yo he hecho CRACK. Estaba cantado, antes o después caería, y con el rabo entre
las piernas, recurriría a ti, porque puedo confesarte la reflexión más mezquina
e improcedente del mundo de forma que yo permanezca en mi fortaleza y tú no te
enteres de un carajo.
Llámalo rastrero. Pero no
funciono…quiero decir, no funciona como el resto y me parece tan genial que no
intentaré cambiarla. No responde a términos absolutos: “esto es mio, no se
puede; esto duele, no conviene.” Tampoco quiero que lo haga, se volvería vulgar
y poco fructífera. Y yo con ella.
Así que le daré un poco
de “esto puede, es posible. Igual si o quizás más tarde. No hay prisa.”. Conseguiré
darle lo que más le gusta. Situación tan imposible como brillante. De
enfrentamientos constantes, de caminos tangentes y choques continuos. Pero un
choque que se produce como consecuencia de una cierta fusión de dos sustancias
no del todo compatibles, pero aún así magnificas.
Joder, si ya sabemos que nos gusta lo
complicado, déjate de bobadas y lúchalo ahora que ha vuelto a despertar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario